El retroceso se da en un contexto de pérdida del poder adquisitivo y cambio en los hábitos alimentarios de los argentinos.
El consumo de carne vacuna en Argentina alcanzó su nivel más bajo en 20 años, reflejando el impacto de la crisis económica en las decisiones cotidianas de consumo. De acuerdo con datos recientes del sector, la caída responde, principalmente, a la pérdida del poder adquisitivo de los hogares.
En este escenario, cada vez más familias optan por reducir la cantidad de carne en sus dietas o por reemplazarla por alternativas con precios relativos más accesibles, como el pollo o el cerdo. La tendencia se intensificó en el último año, en un contexto de inflación más alta y encarecimiento generalizado de los alimentos.
El informe también advierte que el consumo per cápita se ubica muy por debajo de los niveles históricos. En un país donde la carne vacuna fue, durante décadas, un componente central de la alimentación, el cambio de hábitos se transforma en una señal clara de quiebre cultural y de reacomodamiento de las prioridades de consumo.
Además, desde el sector productivo señalan que la situación genera preocupación porque la menor demanda interna impacta en toda la cadena de valor. A la retracción del consumo se le suman otros factores que tensionan la actividad, entre ellos los costos de producción y las condiciones del mercado en el que operan productores, frigoríficos y comercios.
De este modo, el consumo de carne se consolida como un indicador adicional de la coyuntura económica actual: evidencia las dificultades que enfrentan los hogares para sostener sus niveles habituales de consumo y, al mismo tiempo, marca un desafío para el sector ante un nuevo patrón de demanda.






